jueves, 15 de agosto de 2013

SOLES

Llevado por las horas,
calzado en el asfalto
pasa y deja en su andar
el sonido
de un vidrio estallando.

Permanecía ausente
y simulaba inermidad.
Su defensa era el ataque, 
por lo visto.
Callando.

Se sucedía 
la distancia
entre un equinoccio
y su opuesto.

Se derramaban
pasiones.

Contaba hasta tres, y
entonces salía
disparado.
Aún ausente.
Aún sin desearlo.

Las lunas
se llenaban y se vaciaban.

Y ese viento norte
susurraba.

Tomó los últimos restos
de esa vieja novela.
Los saboreó,
los enmantecó
y luego los maldijo.

Quedaron inertes
por meses
sobre esa silla.

Alzó la vista
al sol...
a los soles.

Sintió un cálida mano
posada en la suya.
Calló nuevamente.

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