calzado en el asfalto
pasa y deja en su andar
el sonido
de un vidrio estallando.
Permanecía ausente
y simulaba inermidad.
Su defensa era el ataque,
por lo visto.
Callando.
Se sucedía
la distancia
entre un equinoccio
y su opuesto.
Se derramaban
pasiones.
Contaba hasta tres, y
entonces salía
disparado.
Aún ausente.
Aún sin desearlo.
Las lunas
se llenaban y se vaciaban.
Y ese viento norte
susurraba.
Tomó los últimos restos
de esa vieja novela.
Los saboreó,
los enmantecó
y luego los maldijo.
Quedaron inertes
por meses
sobre esa silla.
Alzó la vista
al sol...
a los soles.
Sintió un cálida mano
posada en la suya.
Calló nuevamente.
Oh, muá re puku! o.o ♥
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