Mil veces me golpeo el pecho con orgullo,
mil veces soy un ser capaz de percibir sus privilegios.
¿Por qué las envidias? ¿De qué índole son?
He llegado a la conclusión, de que las envidias son de amor.
Uno puede estar solo, bajo la lluvia, inmutable, erguido, incondicional. Pero al momento de sentirse invadido por la soledad más radical,es entonces cuando esta vida privilegiada no nos significa nada.
¿Podremos ser estrategas de la evasión de la angustia?
¿Podemos simplemente distraernos por una vida completa?
A veces no sé si ando detrás de algo distinto o si mi habitué de Narciso, finalmente, se lo está tragando todo. La sencillez de algunos seres me impacienta; la complejidad de otros, me abruma.
Creo que deberíamos dejar las cosas al azar onírico, al menos a veces. Hay noches en que me acuesto para tener ese sueño, y luego lo tengo. Hay otras siestas ordenadoras. Incluso me dicen cómo debo rendir mis exámenes. El mismísimo Freud me dio cátedra sobre la primera tópica. Y siempre fui yo allí. Claro, esto ya es viejo: Je est autre.