domingo, 13 de julio de 2014
PECAS
Aún tengo fe en volver a ver tu nariz pecosa un día, cercano o lejano. El tiempo contigo se volvió un factor irrelevante: diez años, al menos, no cambiaron nada que nos sea esencial. Supongo que imaginarte a bordo de tu aventura, con aquella remera color verde, mascando un caramelo de manzana, hace que pueda perdonarme la espera, hace que pueda justificar excursos. Pero no hay que confundir: la dignidad no es un excurso, las sonrisas al viento no son horas perdidas. Sólo me vuelvo y me transformo, me reinvento tanto como imagino que esas pecas se esparcen sobre tus mejillas curtidas de sol. Estamos vivos, señor navegante. Continuaremos siendo y dejando de ser; lo amo tanto cuando pierde el miedo de naufragar entre sus sueños.
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