Si tu torpe inseguridad sólo pudo sentirse amenazada por tal semblante intimidante; si tu torpe mundo es distorsionado por el primer gil o el primer pelotudo relativamente encantador, relativamente listo; si tu idiota sueño aburguesado se ve frustado cuando te topás con tu reflejo en una vidriera o cuando te bajan los coágulos de sangre cada veinte días; si tu cobarde estilo de vida no puede hacer más que compadecerse de sí mismo. Odiate. Odiame. Y olvidate de eso. Dejalo pasar. No somos demasiado. La sublime relación que creés tener con tu arte sigue siendo una hermosa prisión para vivir mordiendo el polvo. Pelotuda.
viernes, 26 de febrero de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
SONANTE
¿Alguna vez conociste un alma que suene?
Ciertamente, hace tiempo, me enamoré.
Su cercanía traía consigo una melodía.
Sus dedos dejaban un halo colorido.
Eran colores ya entrados en invierno.
Pero, su música, era algo excepcional.
Recuerdo cerrar los ojos y sentir
un suave aroma a café,
el humo de una chimenea
y el susurro de todas las criaturas del bosque.
Sus dedos eran un portal
hacia ese mundo fantástico.
Seguro había duendes, elfos, hadas.
Un unicornio.
Toda clase de seres mágicos.
Su sombra proyectaba cuarenta y siete mil
ochocientos cincuenta y tres
tramas del follaje del bosque.
Sus ojos aún tantas más
variedades de plumajes coloridos.
Echados todos sus seres al sol,
formaron el acorde de su alma.
Era una canción de Sigúr Ros.
La primera vez que le di play al disco,
ya lo había escuchado.
Ciertamente, hace tiempo, me enamoré.
Su cercanía traía consigo una melodía.
Sus dedos dejaban un halo colorido.
Eran colores ya entrados en invierno.
Pero, su música, era algo excepcional.
Recuerdo cerrar los ojos y sentir
un suave aroma a café,
el humo de una chimenea
y el susurro de todas las criaturas del bosque.
Sus dedos eran un portal
hacia ese mundo fantástico.
Seguro había duendes, elfos, hadas.
Un unicornio.
Toda clase de seres mágicos.
Su sombra proyectaba cuarenta y siete mil
ochocientos cincuenta y tres
tramas del follaje del bosque.
Sus ojos aún tantas más
variedades de plumajes coloridos.
Echados todos sus seres al sol,
formaron el acorde de su alma.
Era una canción de Sigúr Ros.
La primera vez que le di play al disco,
ya lo había escuchado.
domingo, 21 de febrero de 2016
INERCIA
Si quisiera torcer mi inercia,
si quisiera acabar con esta miseria,
escribiría mil versos por noche
y mi frente se llenaría de lunas.
Anclado mi barco,
me precipito lentamente
sobre el ocaso de los días.
Sepultada mi alma,
no tengo suficiente espacio
para cargar con nuevo equipaje.
Vivo el día.
Paso las noches.
El cuerpo se me duerme,
mis dedos oscilan
entre el silencio
y la calma.
Entre un orgasmo
o un lápiz.
Entre tus cuerdas
o la muerte.
si quisiera acabar con esta miseria,
escribiría mil versos por noche
y mi frente se llenaría de lunas.
Anclado mi barco,
me precipito lentamente
sobre el ocaso de los días.
Sepultada mi alma,
no tengo suficiente espacio
para cargar con nuevo equipaje.
Vivo el día.
Paso las noches.
El cuerpo se me duerme,
mis dedos oscilan
entre el silencio
y la calma.
Entre un orgasmo
o un lápiz.
Entre tus cuerdas
o la muerte.
sábado, 20 de febrero de 2016
FIJACION
Una tersa piel blanca.
Una boca roja.
Cabello lacio, fino.
Castaño oscuro.
Muy despeinado.
Las pestañas arqueadas,
la insinuación de pecas.
Cejas llameantes.
Ojos de almendra,
mirada eléctrica.
Una mueca altiva que se desliza
desde los brazos
hasta el abdomen.
Las venas sembradas por doquier,
adorno de su extrema
delgadez.
Unos pies largos,
unos dedos de uñas redondeadas.
La belleza de sus piernas
no sería igual sin esos enormes
pantalones jeans.
Una nariz de flecha,
siempre apuntando al horizonte
con que tus pupilas sueñan.
Un destino lejano.
Una boca roja.
Cabello lacio, fino.
Castaño oscuro.
Muy despeinado.
Las pestañas arqueadas,
la insinuación de pecas.
Cejas llameantes.
Ojos de almendra,
mirada eléctrica.
Una mueca altiva que se desliza
desde los brazos
hasta el abdomen.
Las venas sembradas por doquier,
adorno de su extrema
delgadez.
Unos pies largos,
unos dedos de uñas redondeadas.
La belleza de sus piernas
no sería igual sin esos enormes
pantalones jeans.
Una nariz de flecha,
siempre apuntando al horizonte
con que tus pupilas sueñan.
Un destino lejano.
sábado, 13 de febrero de 2016
KIZUNA
Podríamos ser como hojas suspendidas en el viento. Hojas pequeñitas, errantes, casi sin rostro, casi idénticas. Una brisa nos acerca, nos besamos y, en el cruce, nos desviamos en remolino.
Una hoja saluda a la que se va y se guarda una sonrisa: la dobla, la pone en una cajita y remonta su vuelo.
¿Qué secretos guarda tal maraña de desprendido follaje? Sólo se sabe que nacen de la luz y van a morir a la tierra. Pero antes, todas deben bailar una danza improvisada, casual.
Sale el sol, las lunas se llenan y se vacían. Las estaciones fluyen, las eras se cierran en un abrazo de todos los seres. Y las hojas no dejan de caer. Unidas por la brisa, toman sus manos, se miran a los ojos y sienten que la violencia que las soltó de su rama fue una casualidad bella.
¿De qué gran árbol mana la danza eterna de las hojas al viento?
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