¿Qué es lo que captura, lo que mata?
Cuando su mirada se posaba sobre mi cuerpo,
me paralizaba.
El dominio era patente.
Su semblante, indescifrable,
Sólo yo ahí, en sus ojos,
su mirada, capturada.
De pronto, ¡zaz!
Caímos en el beso.
No fue un encuentro.
El semblante se esfumó,
se desvaneció como un espejismo.
Y me vi besando el vacío.
Me alejé unos pasos.
Y ahí estaba ese rostro, esa mirada.
Corrí, me abalancé.
Con tanta fuerza como la que me deslizaba
en la perdición de sus delirios.
Se disipó la silueta,
dejando tras sí un halo fantasmático.
El jueves pasado volví a ver los ojos.
Miré la escena de vuelta, desde otro palco.
Y estaba ahí,
su silueta esquelética,
su alma gris,
su aliento pálido,
su semblante amargo.
Era otra mujer.
Estaba complacida por haber roto
un espejismo doloroso.
La travesía había iniciado pensado
en ir-ser, irse,
salirse de un rumbo, ser otra.
Ejercitarse en el otro es el camino de la liberación.
Cuando su mirada se posaba sobre mi cuerpo,
me paralizaba.
El dominio era patente.
Su semblante, indescifrable,
Sólo yo ahí, en sus ojos,
su mirada, capturada.
De pronto, ¡zaz!
Caímos en el beso.
No fue un encuentro.
El semblante se esfumó,
se desvaneció como un espejismo.
Y me vi besando el vacío.
Me alejé unos pasos.
Y ahí estaba ese rostro, esa mirada.
Corrí, me abalancé.
Con tanta fuerza como la que me deslizaba
en la perdición de sus delirios.
Se disipó la silueta,
dejando tras sí un halo fantasmático.
El jueves pasado volví a ver los ojos.
Miré la escena de vuelta, desde otro palco.
Y estaba ahí,
su silueta esquelética,
su alma gris,
su aliento pálido,
su semblante amargo.
Era otra mujer.
Estaba complacida por haber roto
un espejismo doloroso.
La travesía había iniciado pensado
en ir-ser, irse,
salirse de un rumbo, ser otra.
Ejercitarse en el otro es el camino de la liberación.