Nomadismo de la ideas, mutante cósmico.
Oscilante, desconfiado.
Supuestamente autosuficiente.
Evidentemente vulnerable.
Sopa cósmica que te envuelve,
pedacito de cielo.
Viajar es el destino.
Moverse, aunque los pies estén quietos,
es inexorable.
Moverse, aunque no lo desees, aunque no lo sepas,
es imposible de evitar.
sábado, 30 de agosto de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
MEJOR ASÍ
Qué placentero, de repente, encontarte. Que confíes en mis orejas, que me beses al menos una vez con los ojos cerrados. Ilusa o no, todavía tengo paciencia. Me gustaría que no me engolosines la oreja de esa manera. No necesito mentiritas piadosas. Todavía me quedan años. No espero ni sentada, ni triste, ni encadenada. Espero en mi alma, pero mi vida es una travesía llena de contingencias, llena de sueños. No espero ni siquiera con demasiada ilusión o ansiedad. No desespero. Espero, así nomás, de onda. Te escucho, te quiero. Date cuenta, tonto. Quedate conmigo.
martes, 19 de agosto de 2014
OTRAS CAMAS
La casa grande llena de polvo. Su casa era demasiado grande por cierto. Se notaba que en algún momento había sido hermosa. Las paredes rasgadas huelen a humedad.
La cama de ese hombre olía a olvido,tal vez a abandono.
Ese aire sombrío de las ventanas vueltas hacia adentro.
Una lámpara muy gastada: la enciende y la habitación se pone triste.
Hace mucho que nadie barre el patio ni perfuma la sala.
Su mirada perdida al techo y sus ojos que se cierran para dormitar.
Cualquier otra cama le resultaba mejor
que su cama grande y vacía.
Siempre buscaba otras camas. También buscaba otras casas.
Cualquier otra casa era mejor que pensar en la que compartió con ella.
Fue la última casa, la última cama.
Todo se había ido con la luz de sus ojos pardos. Sé que se fue con esa alma que no pudo ser, con la niña de sus sueños. Porque con los ojos brillantes me habló de esa niña.
Fue tan duro que él se volvió de piedra. Fue tan duro que el amor se le murió de repente.
Ya no podía amarla.Y ella se volvió fría.
Todo lo que le quedaba olía a ella.
Ella se fue y su aroma se había quedado en cada rincón.
Tuvo que irse de casa, y vagar de cama en cama.
Atrincherarse fuera de sí.
Hace un poco más de dos años y medio que él vive en la casa grande, cubierta de polvo.
Pero para él no es su casa. Habla de ella en un tono lejano. Se escapa de ella cada vez que puede.
Quiso quedarse en la mía, pero yo tampoco la tengo.
Lo eché trescientas cuarenta y siete veces desde que lo conozco.
Todas las mujeres de su vida ahora parecen estar muertas.
¿Por qué será tan irremediable su vagabundeo?
Cincuenta y siete minutos. Tres mates. Un polvo.
¿Por qué seguir condenándonos a tanta miseria?
La cama de ese hombre olía a olvido,tal vez a abandono.
Ese aire sombrío de las ventanas vueltas hacia adentro.
Una lámpara muy gastada: la enciende y la habitación se pone triste.
Hace mucho que nadie barre el patio ni perfuma la sala.
Su mirada perdida al techo y sus ojos que se cierran para dormitar.
Cualquier otra cama le resultaba mejor
que su cama grande y vacía.
Siempre buscaba otras camas. También buscaba otras casas.
Cualquier otra casa era mejor que pensar en la que compartió con ella.
Fue la última casa, la última cama.
Todo se había ido con la luz de sus ojos pardos. Sé que se fue con esa alma que no pudo ser, con la niña de sus sueños. Porque con los ojos brillantes me habló de esa niña.
Fue tan duro que él se volvió de piedra. Fue tan duro que el amor se le murió de repente.
Ya no podía amarla.Y ella se volvió fría.
Todo lo que le quedaba olía a ella.
Ella se fue y su aroma se había quedado en cada rincón.
Tuvo que irse de casa, y vagar de cama en cama.
Atrincherarse fuera de sí.
Hace un poco más de dos años y medio que él vive en la casa grande, cubierta de polvo.
Pero para él no es su casa. Habla de ella en un tono lejano. Se escapa de ella cada vez que puede.
Quiso quedarse en la mía, pero yo tampoco la tengo.
Lo eché trescientas cuarenta y siete veces desde que lo conozco.
Todas las mujeres de su vida ahora parecen estar muertas.
¿Por qué será tan irremediable su vagabundeo?
Cincuenta y siete minutos. Tres mates. Un polvo.
¿Por qué seguir condenándonos a tanta miseria?
lunes, 18 de agosto de 2014
GRIS
Era de ojos opacos y mirada transparente. Ese muchacho escondía en su estatura algo. ¿Se trataría de una tragedia? Lo oscilante y esquivo de su actitud lo hacían indescifrable. Sin embargo, había llamas en sus ojos, había angustia en cada parpadeo que dirigía a la nada. Sus largos silencios como música ausente, como presencia que no es. Unas manos muy frías y muy cálidas. Todo es gris a su alrededor. Mi amor se vuelve gris. Y es raro, porque siempre era o muy rosa o muy negro o muy rojo. O salpicado de los tres. Pero no sé cómo amar de gris. A veces creo que el gris amor no existe, y sólo es una ficción, un consuelo. Otras veces me siento en la obligación de pintarlo. Decime, mi amor, ¿a quién le dejaste la brocha de tus días?
domingo, 10 de agosto de 2014
(cementerio club)
Justo que pensaba en vos, nene, caí muerta.
Sólo sé que no soy yo a quien duerme.
Qué sola y triste voy a estar en este cementerio.
Qué calor hará sin vos en verano.
Sólo sé que no soy yo a quien duerme.
Qué sola y triste voy a estar en este cementerio.
Qué calor hará sin vos en verano.
jueves, 7 de agosto de 2014
PREGUNTAS
Una luz sobre sus manos. Dice adiós. ¿A quién se lo dice? La escritura no es constante. Le permite la pausa. ¿Es acaso la pausa un lugar de silencio? ¿Es acaso el silencio un lugar de escape? ¿Es acaso el silencio diciendo algo? El silencio, la pausa, ¿dicen? ¿escriben? ¿Son lugares que sostienen la espera? ¿Qué hay en lo nebuloso del silencio, en su oscuridad? ¿Acaso hay unos ojos expectantes? ¿De quién los ojos? ¿De quién la mirada? Sostiene el lápiz un cuarto de hora. Un gato maulla. Se aparta de su asiento cerrando los ojos, puede ver la vida fuera del cuarto. Viaja entre los muros para darse cuenta de su existencia diminuta. Los abre, se le presenta un periplo sin un sentido aparente. Siente que la falta de orden le significa algo. Está a un paso de pluma del sentido de sus propios sinsentidos. Sin embargo, calla. Y sólo puede extrañarse frente a todo lo que está a su alrededor, como si fuera la primera vez que lo viera. Piensa en ese gato maullando y en cómo son sus días viviendo como gato. Luego, piensa en los suyos. Se pregunta si en realidad hay alguna diferencia demasiado importante entre cada uno de los seres que están allí afuera, con los que se desconoce. ¿Quién está ahí afuera? ¿Vale la pena salir? ¿Qué interés podría albergar salir? En principio, comer, pagar, amar. Es lo primero que viene a su mente. No se siente muy distinto del gato. Ni del vecino. Ni de aquel desconocido al otro lado del globo. ¿Qué es lo significativo? ¿Qué lo está atando a la vida? ¿Acaso el problema del ser es una falacia humana para sentirnos importantes? No cree que el ser, el existir albergue algún sentido en sí mismo. Pero se queda entre sus ropas, siente y se abraza a esa existencia. Cree que la inmortalidad es arrogancia. Cree que el poder sostiene en sus redes todas estas arrogancias. Hay un alfa y un omega de todo, está seguro. Como en la escritura. Hay letras, sí. Las letras quedan. Sin embargo no existe algo así como una escritura sin fin. Ni aunque las juntáramos todas. Reinventamos el sentido, sin embargo, esto no libra por completo de la posibilidad de ser letra muerta. O ilegible, o sin nadie que la lea. Todo le parece tan circunstancial, y tan bello. Quisiera abrazar todas esas letras y fundirse con ellas en un sueño eterno. Quedárselas, que no abandonen su cuerpo, nunca. Pero las letras caen. Caen como una escalera, caen como la piel después de cada baño. Se alejan justo después de besarlo.
lunes, 4 de agosto de 2014
INSOMNIO
Yazco aquí en mi lecho; gastando días, horas, esperando. Junto fantasías. Esas fantasías de cuando mi edad no alcanzaba las dos cifras. Ese erotismo, para mí, un inconfesable tesoro de cuando jugaba a seducir los novios de las chicas mayores y me mandaban a dormir. Esas imaginerías zonzas sobre cómo aman los adultos, ese rubor bajo mis rosadas sábanas. El timbre. Llegaste sin avisar, como siempre. Pero no importa: pasás. Sólo quisieras que yo tuviera diez años menos. Y yo quisiera que tuvieras diez años más. El fugaz paso del tiempo me genera ansiedad: poco a poco dejo de ser jovial, fresca, de piel aterciopelada. Pero mi torpeza aniñada retorna con la proximidad de tu cuerpo. Y te excita esa torpeza. Y te excita que esté haciendo mi tarea mientras tus manos se meten bajo mi vestido; mientras finjo concentrarme en mi lectura; mientras me derrito del placer. Y te excita cuando me resisto a esa forma tuya tan violenta de sacarme la ropa, pero no del todo; a esa forma sin miramientos en que te adueñás de la partida y me inmovilizás contra el respaldar de la cama. Y a mi me excita que me presiones hacia lo que deseo, hacia lo desconocido, hacia ese lugar prohibido. Quisiera que nos lamiéramos como cerdos una y otra vez entre nuestros fluidos. Tus groserías son el cántico de los ángeles para mi orgasmo, mi tímida respuesta entre jadeos reclama que te quiero tener sobre mí una, dos, tres, innumerables veces hasta desgastarnos, hasta dormirnos. El fuerte hedor hormonal que desprende tu piel me hace desearte y me vuelve débil, me deja a merced de tus antojos, de tus fantasías. Y cuanto menos respetás los límites, más caliente me pongo. Quisiera que adivinases mis ademanes inconfesables, pues sé que tu pasión consiste en no saber lo que quiero, sólo darme lo que prefieres. Quisiera describir con detalle las formas de tu cuerpo desnudo, ágil, esbelto. Pero me pierdo en las sinuosidades de tu vello, de un hilo seminal que se desliza por tu verga. Lamerlo, saborearlo y tragar. Jugar a que soy una nena buena que se sienta sobre tu miembro inflamado, monstruoso. Jugar a que te exprimo hasta la última gota. O tal vez esta vez prefiera que me rompas el culo, mientras tu fuerza descomunal no me deja escapar del dolor ni del placer. Mientras me exprimís las tetas con tu boca babosa. Quiero que me sometas a ese asco. Quiero morderte la espalda, quiero marcarte.
viernes, 1 de agosto de 2014
IMPOSIBLE
Lo imaginaba fundido entre aquel paisaje citadino que tanto amaba: los centenarios árboles, las librerías de viejo, los bares por la mañana. Aunque no tanto como a él. Ni como al otro. Ella podía hilar tres mil quinientas fantasías imposibles en una noche lluviosa, a la luz del velador. Podía mirar dos o tres dramas, fumar uno o dos cigarrillos y sentirse abrazada por la calidez del suéter. Podía sentir su mirada cristalina a un millón de kilómetros de su corazón, y aún así, sonreír. Ya no lo necesitaba para ser ¿feliz?
Echó un vistazo a la puerta grande, con ventanas, antigua. Le fascinaba calcular su estatura cruzando el umbral, el sol de fondo, los rizos vibrantes. Le gustaría abrazarlo esta noche, pero el cuarto está muy sucio, las piernas están resecas. Su silencio grave resuena. Las comisuras de sus labios, el calor de su pecho. Siente que es el destino, pero sabe que ella no cree en tales cosas. Él, tarde o temprano, pasará a buscarla. Como siempre, sesenta y cuatro minutos. Le molestaba mendigar tal miseria. Quizás por eso ya no lo buscaba, quizás por eso él vendría de todos modos, sin avisar. Ella haría lo mismo sólo por besar su frente, sólo para creer que él pudiera amarla algún día nublado o de sol, bajo el ocaso, en el aire libre del parque. Recuerda aquella tarde tan lejana y se arrepiente de no haberse marchado esa otra noche. Reniega de los protocolos de seducción.
Desea ser mujer, a su manera. Seducir, como más le plazca. Vestirse de seda o de pordiosera. Pintarse las uñas una vez al año, y aún así sentir que él volverá con aquella vieja propuesta, con aquel brillo primigenio en los ojos, con aquellos brazos que se enredan demasiado rápido en su cintura. Sentir que él una vez más podrá olvidarse de todos sus fantasmas, de todas sus muertes, para mirarla al menos por un minuto y darse cuenta que era tan simple, tan honesto como la primera vez que posó sus ojos sobre ella. Desea restaurar la calidez de ese hogar que hoy él siente tan frío, apagado, muerto. Pero sin esa mirada, hoy es imposible.
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