lunes, 18 de agosto de 2014

GRIS

Era de ojos opacos y mirada transparente. Ese muchacho escondía en su estatura algo. ¿Se trataría de una tragedia? Lo oscilante y esquivo de su actitud lo hacían indescifrable. Sin embargo, había llamas en sus ojos, había angustia en cada parpadeo que dirigía a la nada. Sus largos silencios como música ausente, como presencia que no es. Unas manos muy frías y muy cálidas. Todo es gris a su alrededor. Mi amor se vuelve gris. Y es raro, porque siempre era o muy rosa o muy negro o muy rojo. O salpicado de los tres. Pero no sé cómo amar de gris. A veces creo que el gris amor no existe, y sólo es una ficción, un consuelo. Otras veces me siento en la obligación de pintarlo. Decime, mi amor, ¿a quién le dejaste la brocha de tus días?

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