en menos de un segundo.
Un auto pasaba,
un gato maullaba.
No pretendas que proferirlas
cambie el mundo;
no a esta altura.
No pretendas que el viento
no se lleve las cosas
a su lugar.
Sólo acarician
el oído de quien
las espera.
Parecería que es fácil,
pero alejarlas de esa brisa
te cuesta mucha alma.
Parecería que
mantenerlas al abrigo,
es un poco más sensato.
Al fin y al cabo,
la luz galáctica en su mirada
muere con las palabras.