jueves, 7 de agosto de 2014
PREGUNTAS
Una luz sobre sus manos. Dice adiós. ¿A quién se lo dice? La escritura no es constante. Le permite la pausa. ¿Es acaso la pausa un lugar de silencio? ¿Es acaso el silencio un lugar de escape? ¿Es acaso el silencio diciendo algo? El silencio, la pausa, ¿dicen? ¿escriben? ¿Son lugares que sostienen la espera? ¿Qué hay en lo nebuloso del silencio, en su oscuridad? ¿Acaso hay unos ojos expectantes? ¿De quién los ojos? ¿De quién la mirada? Sostiene el lápiz un cuarto de hora. Un gato maulla. Se aparta de su asiento cerrando los ojos, puede ver la vida fuera del cuarto. Viaja entre los muros para darse cuenta de su existencia diminuta. Los abre, se le presenta un periplo sin un sentido aparente. Siente que la falta de orden le significa algo. Está a un paso de pluma del sentido de sus propios sinsentidos. Sin embargo, calla. Y sólo puede extrañarse frente a todo lo que está a su alrededor, como si fuera la primera vez que lo viera. Piensa en ese gato maullando y en cómo son sus días viviendo como gato. Luego, piensa en los suyos. Se pregunta si en realidad hay alguna diferencia demasiado importante entre cada uno de los seres que están allí afuera, con los que se desconoce. ¿Quién está ahí afuera? ¿Vale la pena salir? ¿Qué interés podría albergar salir? En principio, comer, pagar, amar. Es lo primero que viene a su mente. No se siente muy distinto del gato. Ni del vecino. Ni de aquel desconocido al otro lado del globo. ¿Qué es lo significativo? ¿Qué lo está atando a la vida? ¿Acaso el problema del ser es una falacia humana para sentirnos importantes? No cree que el ser, el existir albergue algún sentido en sí mismo. Pero se queda entre sus ropas, siente y se abraza a esa existencia. Cree que la inmortalidad es arrogancia. Cree que el poder sostiene en sus redes todas estas arrogancias. Hay un alfa y un omega de todo, está seguro. Como en la escritura. Hay letras, sí. Las letras quedan. Sin embargo no existe algo así como una escritura sin fin. Ni aunque las juntáramos todas. Reinventamos el sentido, sin embargo, esto no libra por completo de la posibilidad de ser letra muerta. O ilegible, o sin nadie que la lea. Todo le parece tan circunstancial, y tan bello. Quisiera abrazar todas esas letras y fundirse con ellas en un sueño eterno. Quedárselas, que no abandonen su cuerpo, nunca. Pero las letras caen. Caen como una escalera, caen como la piel después de cada baño. Se alejan justo después de besarlo.
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