viernes, 1 de agosto de 2014

IMPOSIBLE

Lo imaginaba fundido entre aquel paisaje citadino que tanto amaba: los centenarios árboles, las librerías de viejo, los bares por la mañana. Aunque no tanto como a él. Ni como al otro. Ella podía hilar tres mil quinientas fantasías imposibles en una noche lluviosa, a la luz del velador. Podía mirar dos o tres dramas, fumar uno o dos cigarrillos y sentirse abrazada por la calidez del suéter. Podía sentir su mirada cristalina a un millón de kilómetros de su corazón, y aún así, sonreír. Ya no lo necesitaba para ser ¿feliz? 
Echó un vistazo a la puerta grande, con ventanas, antigua. Le fascinaba calcular su estatura cruzando el umbral, el sol de fondo, los rizos vibrantes. Le gustaría abrazarlo esta noche, pero el cuarto está muy sucio, las piernas están resecas. Su silencio grave resuena. Las comisuras de sus labios, el calor de su pecho. Siente que es el destino, pero sabe que ella no cree en tales cosas. Él, tarde o temprano, pasará a buscarla. Como siempre, sesenta y cuatro minutos. Le molestaba mendigar tal miseria. Quizás por eso ya no lo buscaba, quizás por eso él vendría de todos modos, sin avisar. Ella haría lo mismo sólo por besar su frente, sólo para creer que él pudiera amarla algún día nublado o de sol, bajo el ocaso, en el aire libre del parque. Recuerda aquella tarde tan lejana y se arrepiente de no haberse marchado esa otra noche. Reniega de los protocolos de seducción.
Desea ser mujer, a su manera. Seducir, como más le plazca. Vestirse de seda o de pordiosera. Pintarse las uñas una vez al año, y aún así sentir que él volverá con aquella vieja propuesta, con aquel brillo primigenio en los ojos, con aquellos brazos que se enredan demasiado rápido en su cintura. Sentir que él una vez más podrá olvidarse de todos sus fantasmas, de todas sus muertes, para mirarla al menos por un minuto y darse cuenta que era tan simple, tan honesto como la primera vez que posó sus ojos sobre ella. Desea restaurar la calidez de ese hogar que hoy él siente tan frío, apagado, muerto. Pero sin esa mirada, hoy es imposible. 

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