Maraña de ramas,
plexo de aromas, de musgos.
Echadas tus criaturas al sol.
Cultivan su progenie,
matan, a veces,
sin culpa, sin pasión.
Hambre eres.
Te precipitas como agujas
en el ser vulnerable.
Te apagas, te enciendes
sin prisa,
sin odio,
sin mal.
Mueves cada mortal
desde el vientre a la tumba.
Mueves la humanidad
inocente o corrupta.
Lo mismo te da.
Ellos juegan a Ananké.
Juegan el Eros también.
Juegan y degluten.
Degluten, tragan,
a veces sin masticar.
Juegan al hambre sin saciedad.
Juegan al hambre sin apetito.
Esa antigua torsión del logos en la lengua,
dime, musa, ¿qué tan retorcida puede ser?
Mi imago no basta.
Lo que pasa fuera me es inasible.
Por más que alguien se crea especial,
la infinidad de tropos,
la encadenada red de cruces,
los trabalenguas perdidos.
Todos son cómplices de esta miseria.
plexo de aromas, de musgos.
Echadas tus criaturas al sol.
Cultivan su progenie,
matan, a veces,
sin culpa, sin pasión.
Hambre eres.
Te precipitas como agujas
en el ser vulnerable.
Te apagas, te enciendes
sin prisa,
sin odio,
sin mal.
Mueves cada mortal
desde el vientre a la tumba.
Mueves la humanidad
inocente o corrupta.
Lo mismo te da.
Ellos juegan a Ananké.
Juegan el Eros también.
Juegan y degluten.
Degluten, tragan,
a veces sin masticar.
Juegan al hambre sin saciedad.
Juegan al hambre sin apetito.
Esa antigua torsión del logos en la lengua,
dime, musa, ¿qué tan retorcida puede ser?
Mi imago no basta.
Lo que pasa fuera me es inasible.
Por más que alguien se crea especial,
la infinidad de tropos,
la encadenada red de cruces,
los trabalenguas perdidos.
Todos son cómplices de esta miseria.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario