A la persona caleidoscópica:
Es bien cierto que en ocasiones recibimos dones inesperados. A veces donamos fe sin comprenderlo del todo. A veces, también, encontramos la fe donde nadie nos ha dado nada.
La armonía o la metamorfosis de tus formas cambiantes no puede engañarme. Sé que estás ahí, y yo estoy acá por siempre, protegiéndote. Aunque parezca que es imposible, aunque parezca que te vas, te quedás de formas inesperadas. De repente las palabras se tornan mágicas y los rasgos se fusionan en una masa gigante. Está todo ahí, guardado y aguardando el momento propicio para que se desenfunde la vaina.
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