martes, 1 de marzo de 2016

AMOR

No necesito la promesa de una familia burguesa
para amar.
Ni siquiera necesito ser amada.
No necesito de ninguna salvación.
En todo caso,
ya estoy perdida.
Si encuentro el rumbo,
bien.
Si no, no creo que sea ociosa
mi perdición.
Peor será estar ocioso,
atado, sin amor,
con algún extraño, sordo
e indiferente que duerma
todas las noches a tu lado.
Prefiero dormir sola.

Esta época se siente orgullosa de
su compromiso light.
Das todo, pero a través de un contrato exigente.
El primero que viola el acuerdo,
se asume incapaz de amar.
El contrato se rompe, sin más.
Y cada uno intenta recuperar
su bienes.
Y se arma la querella.
El otro se vuelve el enemigo,
aunque sea por un rato.
Como si amar tuviera que ver con contratos.
Y un contrato no necesariamente
necesita estar explícito,
ni mucho menos escrito.
Esta gente de ahora eyecta el conflicto.
Quiere hacer caso omiso
de mis oscuridades.
Ni hablar de las propias.
No quieren pensar en las miserias.
No lo asumen cuando se enamoran
de un miserable,
de un croto,
de un pobre,
de un loco,
de un hombre sin auto,
de una mujer que no quiere embarazarse de vos.
Incluso, a veces, le tienen miedo a esos personajes.
Los hacen sentir lábiles y necesitan
sentirse imprescindibles.
Necesitan apoderarse de vos,
conquistar tu fuerte,
invadirte y prender fuego todo.
Todos buscan cambiarte, rehabilitarte.
Todos quieren que me porte como una mujer.
Insisten en pagarme la cena,
para que después me sienta obligada a coger.
Como si fuera parte del protocolo.
Y decirme histérica
porque los rechazo, sin asumir
que son unos incogibles.

El amor de repente no es más que
"sentar cabeza"
y sentirte orgulloso
frente a tu suegro,
frente a los vecinos,
de ello.
Es alcanzarle a doña Celia una invitación
al bautismo del hijo
que nunca quisiste,
pero del que careteás en las
redes sociales.
Mejor cambiale el pañal cagado,
que tiene el culo en carne viva.
Ya pasó de moda el amor rojo,
el amor rosa también.
Ahora es el amor gris, light.
Sin calorías. Eco-friendly.

El amor va y viene, caprichoso.
No le interesa nada en particular.
Es un violador compulsivo.
Particularmente,
me ha dejado en la ruina más
de una vez.
Generalmente lo cultivo en primavera
y lo padezco en invierno.
Últimamente en otoño también.
Y en verano.
Y aunque mi amor se reduzca a la nada,
pierda la elasticidad,
la jovialidad,
allí sigue estando.
Guardado en una cajita.
Mejor sería que se escurra,
como el flujo de mi vagina.
Estación tras estación.
Todo vuelve cuando el tiempo es circular.
El cuerpo lo sabe,
por eso lo quiere de vuelta,
una y otra vez,
luego de cada invierno.

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