miércoles, 4 de mayo de 2016

Te extraño tanto que ya parece que no te extrañara.
Creo que esa es la clave de mi engaño.
Tu guiño cómplice es casi como un fantasma.
El sonido tu voz es un eco desconocido.
Mi deseo de saborear ese manjar entre tus piernas
enmudeció mi apetito.
Mi sed de labios se tragó todo el desierto.
De tu cabello,
de tu poesía,
de tu mirada:
sólo quedaron postales
que sueñan con volver a vivir.
Pero la amnesia y la metonimia
se encargaron de matarlas.
Volver a oler un café.
Atrapar versos entre tus brazos,
llenarlos de chocolate,
cualquier noche,
ya sea un Pessoa
o un Rimbaud.

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