Ella lo sabía.
Por más que intentase escapar,
ella lo sabía.
Como si la entrega fuera
la última braceada que
estaba dispuesta a dar.
Suele salir de a ratos
para ver cómo es el paisaje fuera
pero,
lo sabe: no quiere escapar.
Suele soñar con tiernas
mariposas
pero ella lo sabía:
succionaría su sangre.
Ella conoce la miseria,
y decidió quedarse.
Construir una prisión bella
para vivir
mordiendo el polvo.
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