y por la quietud.
La experiencia de los bordes
sumergidos en canción,
bañados en canela,
regresan por mí retando a la cobardía.
Y la añoranza de ser,
regresa como un reproche.
Excesos.
Faltaría mirar hacia otro lado,
y hacia este mismo después.
Desfilar la nariz
en un mundo distinto.
Rebalsar el ser con una cucharada de no-ser,
renegar de Parménides.
Luego sentir que la hedonista
es quien ha ganado la candidatura,
es quizás la muestra
del raquítico interior.
Ir-ser.
Irse.
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