El paso firme
o inseguro
o muy lento
o demasiado apurado.
Con esta gente
nunca se puede saber.
Marchan como en fila
pero simulan
tener su propio rumbo.
Lo cotidiano es pasar de largo.
Quedarse cinco minutos,
para mirar,
revela tantos misterios
que pocos valientes
se arremangan.
Demuestran su apuro
cuando debieran esperar;
esperan cuando
ya es muy tarde.
Se paran siempre al frente
y siempre están primeros.
Se matarían,
pero sospecho
que se privan de ello
para no mancharse
la ropa.
Adelantan siempre
su patética posición
aunque no vayan
a ningún lado.
Asumen por evidente
lo que resulta caprichoso.
Conquistan
un pedacito de vereda,
congestionan
todo ese bosque de rostros.
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