lunes, 9 de febrero de 2015

MAXIMILIANO

Despertar llena de una vieja ansiedad. Caer en la cuenta de que nunca antes tuve la certeza (o tal vez la tuve y la olvidé) de que esta intensidad era única e irrepetible. Y quizás las otras ansiedades eran una tonta copia de ésta que nació en una jovencita de doce años. No me atrevo a aseverar que se trataba de una niña, pues todo parece indicar que entonces ya era más mujer que nunca antes en su vida. No sabría si decir que ya lo dije o no, pero esas pecas de un rojizo café fueron un molde primigenio de mis antojos estéticos posteriores. Aunque tardío para mis pasiones pasadas, ésta difería de las demás porque excluía el olvido. En realidad, sentía que después de un flechazo tan extremo nunca iba a poder volver. Catorce años después sigo confirmando esta intuición. Porque, o sea, ¿cómo se explica que me levante en medio de la noche sintiendo que todo se remonta a esa maraña de pelo lacio enredado envuelta en pecas? ¿cómo se explica que esa mirada café intenso haya sido una constante fuente de inspiraciones durante los últimos catorce años? ¿cómo se explica que todos mis amores sean una copia barata de tu mirada? Descifrar las historias de esa forma de mirar el vacío de la ventana... un anhelo por escuchar sus penas, por sostenerlo entre mis brazos y besarle el alma. Nunca más volví a sentir una mirada tan intensa, tan cargada de pasiones mudas. Muchas veces en el pasado había sentido que el resto de los amores habían sido una copia barata de lo que sentí siempre por este muchacho ya hombre. Pienso en el juicio y la condena de la gente frente a un apego tan extremo hacia alguien que se ha marchado al otro extremo del océano para amar e intentar soportar el amor. A veces siento que es un espejo mismo de todas mis pasiones tempranas. Es decir, de alguna manera sentía que éramos cercanos en el sentido de soportar quemaduras prematuras en nuestras almas. Siempre sigo añorando sostener tu mano. Pero no te necesito para caminar. He caminado todos estos años y tu mirada fue el horizonte que separa todo lo conocido de lo desconocido. Yo ya sabía que eras un artista. Siempre lo supe. No hay otra forma de explicar esos ojos. Y esos ojos al menos sabían decir que tu alma nunca iba a quedarse quieta y adormilada. Tu pasión quema muy fuerte dentro tuyo. Me consta que este no será el último viaje, ni la última aventura ni los últimos párrafos que escribas.
Te siento tan lejos y tan cerca. Tan presente y tan fantasmático. Creo que en ello reside tu influjo tan poderoso. En ser un fantasma.

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