sábado, 21 de marzo de 2015

BAROQUE

Los abultados brazos gesticulan un compás seguro,
los dedos, ecolalia de cada tecla, de cada titubeo.
El tímido o el imponente vuelo de un pájaro,
la elegancia de una reina o de un pordiosero,
de un miserable clamando piedad.
Camaleonismo de rutina, posesión articular.
Las junturas frágiles de la rótula
crujen al compás del dolor.
Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres.
Uno, dos.
Sibilean los gemidos,
la mirada huidiza,
la acuciante desesperación
y la plena gracia.
El poseso toma prestado lo sublime
y lo grotesco.
Las pesadas piernas se esfuerzan
para ser la altura de aquel puente,
de aquel rosedal.
Las marcas de la piel
como testigos de la tragedia.
¿Acaso la interpretación provee al ser?
¿Acaso el arrojo de lo dicho conduce hacia la senda de Dioniso?

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