El deseo del saber.
Lo sublime de sumergirse en el firmamento,
de sentirse una ínfima parte de todo lo que es.
Lo siniestro que encadena los desenlaces bulímicos.
El acento de lo siniestro es cada vez más asediante.
Pesadillas.
Vómitos.
Incorporaciones.
Hambrunas de meses.
Vómitos y más vómitos.
Saber lo escrito al final de la página.
Adelantarlas.
Desear el fin.
Calcular esa distancia de entre-pies.
Quedarse con los zapatos.
Hacer una cosmología.
Destruirla.
Fundar un panteísmo neurótico.
Destruirlo.
Quedar escéptico y paranoico.
Quedarse.
Quedar-ser.
Ser.
Ir-ser.
Venir-ser.
Volver-ser.
Volver a ser.
Ser vaciado y ser llenado, intermitentemente.
¿Habrá otro desenlace para esta tragedia, aparte de los tres mil quinientos sueños que nominaron la muerte?
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