Desconocido. El perro esta suelto allí fuera. Ladra, sí. Se escapa y se esconde en su cueva el doble de tus dobleces. Todos esos cuerpos flotando en la laguna. Despertás sudando, el agua ha inundado el suelo. La pisás y pensás en los cables. Crees que quizás hubieras muerto de una descarga. Pero no. Eres un infiltrado. Sabes el secreto. Estás tras la huella del enemigo. Pero, ¿qué son esos espejismos? Se nublan las luces del consultorio y te desvaneces.
Al despertar, mirás el espejo. Allí está ella. Le cortás el pelo. Le ponés unos pantalones anchos sobre el escuálido cuerpo. Entonces te dan náuseas. Y ella desaparece. ¿Qué queda? ¿Dónde está? ¿Acaso estuvo alguna vez realmente aquí? Investigas el horror. ¿Es esto un complot? No lo crees.
Sigues la luz y caminas por un angosto pasillo. Largo, muy largo. Sobre sus muros observas un desfiladero de personajes bufonescos, grotescos, apestosos y mugrientos. Algunos gritan como locos tu nombre, otros divagan desnudos junto al frío de los barrotes.
Una lágrima mueve la rueda del recuerdo. ¿Quién los mató? ¿A ella la mataron también?
Estás ahí filoso entre las jeringas. No te atraparán. Corre que te corre. Vamos a la cueva. Liberame.
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