Estás cautiva entre las cuatro paredes.
Ahora quizás son cinco.
Pero, bien sabés que la luz cálida es la mejor compañera de tus sinuosas oscuridades.
Tu cuerpo desnudo se envuelve de sábanas.
Y rodás, y rodás. Sos como un panqueque. Lo insectos acechan entre los dedos.
Envuelta en esa túnica, las envidias y tus celos desfilan frente a tus ojos.
El techo blanco es donde se proyecta esa patética película melancólica.
Entonces, sublime.
Girás la rueda, la piezas encajan y se desencajan. La lógica del tercero excluido no funciona aquí. Puede ser blanco y negro. Podés ser infeliz y dichoso.
Eso no importa.
Una película, una canción. Unos falsos ojos azules. Cualquier indicio es prueba de lo que venías buscando. Un sueño. Destejer las fronteras que lindan esa tierra mágica, un puente hacia la verdad.
Calamidades se celebran frente a tus vanidades.
Idiota, calmate.
No te podés curar del amor.
No podés negar que el desenlace ya lo tenés previsto. Otra tragedia, otro sacrificio.
Decime si es imposible que sueltes las riendas, que dejes de devorar a tus víctimas pendientes en tu ornamentada telaraña.
Puta traidora.
Rompé las paredes de la pecera. No hay nadie ahí para bailar música suave.
Quizás no habrá nada nunca.
Las cosas no necesitan tener sentido, ni se dirigen caprichosamente a él.
Las cosas no precisan de nada.
Ni del ser ni de nada.
Unos labios fantasmagóricos no remiten a nada de eso.
Ni a su portadora.
Pueden ser cualquier cosa.
Sin embargo la telaraña está en punto cruz.
Y ese no es cualquier punto.
La araña está hambrienta.
La luna está por salir.
La sangre te fluye por el vientre. La apretás.
Te ponés en cuclillas y todo sale al compás de tu orgasmo.
No se queda con vos para siempre.
Te da placer y se escurre por la alcantarilla del no-ser.
No mira para atrás.
La gente suele ser como esa sangre.
Mejor que se siga escurriendo.
Ahora quizás son cinco.
Pero, bien sabés que la luz cálida es la mejor compañera de tus sinuosas oscuridades.
Tu cuerpo desnudo se envuelve de sábanas.
Y rodás, y rodás. Sos como un panqueque. Lo insectos acechan entre los dedos.
Envuelta en esa túnica, las envidias y tus celos desfilan frente a tus ojos.
El techo blanco es donde se proyecta esa patética película melancólica.
Entonces, sublime.
Girás la rueda, la piezas encajan y se desencajan. La lógica del tercero excluido no funciona aquí. Puede ser blanco y negro. Podés ser infeliz y dichoso.
Eso no importa.
Una película, una canción. Unos falsos ojos azules. Cualquier indicio es prueba de lo que venías buscando. Un sueño. Destejer las fronteras que lindan esa tierra mágica, un puente hacia la verdad.
Calamidades se celebran frente a tus vanidades.
Idiota, calmate.
No te podés curar del amor.
No podés negar que el desenlace ya lo tenés previsto. Otra tragedia, otro sacrificio.
Decime si es imposible que sueltes las riendas, que dejes de devorar a tus víctimas pendientes en tu ornamentada telaraña.
Puta traidora.
Rompé las paredes de la pecera. No hay nadie ahí para bailar música suave.
Quizás no habrá nada nunca.
Las cosas no necesitan tener sentido, ni se dirigen caprichosamente a él.
Las cosas no precisan de nada.
Ni del ser ni de nada.
Unos labios fantasmagóricos no remiten a nada de eso.
Ni a su portadora.
Pueden ser cualquier cosa.
Sin embargo la telaraña está en punto cruz.
Y ese no es cualquier punto.
La araña está hambrienta.
La luna está por salir.
La sangre te fluye por el vientre. La apretás.
Te ponés en cuclillas y todo sale al compás de tu orgasmo.
No se queda con vos para siempre.
Te da placer y se escurre por la alcantarilla del no-ser.
No mira para atrás.
La gente suele ser como esa sangre.
Mejor que se siga escurriendo.
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