Discontinuidad.
Hay algo que fuerza la torsión
de mi destino.
Ha sido mucho tiempo ya,
muchas noches inmóviles
torturando mi cerebro,
ejercitándome en ser otra,
en actuar de otro modo.
Romper esta maldición.
Renegar de Parménides.
Cagarme soberanamente
en todos los herederos de Aristóteles.
Irme a otro lado.
Empezar por la tangente,
aunarme en un coro tímido.
De ti me quedan todas tus letras.
Lo que dijiste,
y lo que dirás será por siempre un misterio.
Un intento de algoritmo
para explicarlo todo.
Muerta estaba,
viví un par de meses,
y muerta seguiré probablemente
después de despojarme
de lo que siento por él.
Hay días que despierto con la certeza
de que debería haber seguido
mis instintos,
debería haber cortado el lazo
cuando el viento me dijo
que me iba a pasar esto.
Me siento protagonista
de una tragedia ya anunciada por mis demonios.
Detesto saberlo todo a veces.
El café negro es un mal analgésico
para dejar de sentir tu alma,
proyectándose en cada nota
que tu cuerpo copia en el horizonte.
Siento tus vibraciones dondequiera que estés.
No puedo evitarlo,
la conexión es tan evidente,
que ni yo me creo a veces que nunca
sentirás lo mismo.
¿Cuál es el sentido de vivir esclava
de mis pasiones?
¿Qué remedio encontraré ahora para ponerle
coto al insomnio?
¿Cuál será mi alternativa ahora que vuelvo
a vivir rodeada de toda esta gente insensible,
de toda esta gente que no es vos,
de toda esta gente que no entiende mis palabras,
que no entiende mi sentir?
Vuelvo a estar rodeada de la ciudad gris
y nublada,
ideal para hacer juego con mis ojos
a los veintidós minutos de cada hora.
Al menos ya no me abrazo
a esa vieja botella de ron.
Me tienta, la miro
y elijo escribirte,
matarme de otras formas.
La bulimia ya no me convoca como antes.
Tal vez algunos vómitos,
alguna náusea ocasional.
El desapetito se consolida
como semblante
de tu falta en mi boca.
¿Cuál será mi motivación
para despertarme cada mañana
si no tengo tus buenos días,
si en mis sueños estoy feliz junto a vos?
¿Quién oirá mis mil teorías sobre el universo,
sobre lo que puta sea,
quién las cuestionará
con más pasión que vos?
¿Quién?
Me queda el papel.
Papel para el insominio,
papel para las lágrimas,
papel para el baño,
para el semen de otros
que no me calientan.
Hay algo que fuerza la torsión
de mi destino.
Ha sido mucho tiempo ya,
muchas noches inmóviles
torturando mi cerebro,
ejercitándome en ser otra,
en actuar de otro modo.
Romper esta maldición.
Renegar de Parménides.
Cagarme soberanamente
en todos los herederos de Aristóteles.
Irme a otro lado.
Empezar por la tangente,
aunarme en un coro tímido.
De ti me quedan todas tus letras.
Lo que dijiste,
y lo que dirás será por siempre un misterio.
Un intento de algoritmo
para explicarlo todo.
Muerta estaba,
viví un par de meses,
y muerta seguiré probablemente
después de despojarme
de lo que siento por él.
Hay días que despierto con la certeza
de que debería haber seguido
mis instintos,
debería haber cortado el lazo
cuando el viento me dijo
que me iba a pasar esto.
Me siento protagonista
de una tragedia ya anunciada por mis demonios.
Detesto saberlo todo a veces.
El café negro es un mal analgésico
para dejar de sentir tu alma,
proyectándose en cada nota
que tu cuerpo copia en el horizonte.
Siento tus vibraciones dondequiera que estés.
No puedo evitarlo,
la conexión es tan evidente,
que ni yo me creo a veces que nunca
sentirás lo mismo.
¿Cuál es el sentido de vivir esclava
de mis pasiones?
¿Qué remedio encontraré ahora para ponerle
coto al insomnio?
¿Cuál será mi alternativa ahora que vuelvo
a vivir rodeada de toda esta gente insensible,
de toda esta gente que no es vos,
de toda esta gente que no entiende mis palabras,
que no entiende mi sentir?
Vuelvo a estar rodeada de la ciudad gris
y nublada,
ideal para hacer juego con mis ojos
a los veintidós minutos de cada hora.
Al menos ya no me abrazo
a esa vieja botella de ron.
Me tienta, la miro
y elijo escribirte,
matarme de otras formas.
La bulimia ya no me convoca como antes.
Tal vez algunos vómitos,
alguna náusea ocasional.
El desapetito se consolida
como semblante
de tu falta en mi boca.
¿Cuál será mi motivación
para despertarme cada mañana
si no tengo tus buenos días,
si en mis sueños estoy feliz junto a vos?
¿Quién oirá mis mil teorías sobre el universo,
sobre lo que puta sea,
quién las cuestionará
con más pasión que vos?
¿Quién?
Me queda el papel.
Papel para el insominio,
papel para las lágrimas,
papel para el baño,
para el semen de otros
que no me calientan.
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