sábado, 13 de agosto de 2016

NUDO

Se desliza desde mi lengua,
pasando por mi garganta,
para terminar atándome el vientre.
Mis vísceras más enroscadas de lo habitual,
son capaces de traducirlo
en tres mil quinientos modos
de lenguaje somático.
La soga se estiró del vientre a las manos,
volvió a pasar por la lengua,
y me impidió cantar.
La invención plástica me está denegada.
A duras penas, puedo trazar estas líneas
no sin sentir náuseas
y una opresión tremenda
que me ahorca las palabras.
Es que no hay disfraz efectivo.
Si hablo, perdí.
Si callo, morí.
Mis muñecas atadas no me dejan tomar el pincel.
Mis dedos inhibidos ya no quieren tocar la guitarra.
Mi cerebro viajero sólo puede quedarse en casa.
Y esperar.
Mirar las ataduras, desenroscarlas,
pintarlas de colores.
Asignarles leyendas desconocidas,
dedicarles cicatrices.
Asir mi alma para que no se derrame
entre tanto desamor.
Asir mis sueños para que no se disuelvan
en una existencia efímera y sin color.
Educar los miembros para dirigirse
hacia la dirección contraria.
Cortar los lazos,
desasir las ilusiones,
poner todo en un barquito
y dejarlo correr por la cuneta.

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